miércoles, 5 de diciembre de 2007

Hablaron por mis dedos infinitas,
calladas osamentas que no rompe
el tiempo. Desde todas las edades
grito que yo asfixié la sangre en vez
extraña, toda humana;
que yo parí
los silencios del hombre, miedo contra
las venas: ¿Imposible desatino?
El presente es mi pierna
ya extendida
y mi sangre perdió su vocación
numérica
y hendida.